El hombre que sedujo al mundo

Por Manuel Estévez

@Sonoadicto

“Tal vez no sea un buen actor, pero sería aún peor si hiciera otra cosa”, Sean Connery.

Soy muy jarto. A veces tengo pretensiones locas como la de preguntarle a la gente cuál es su James Bond favorito. Si me dicen Roger Moore, me encanta; si mencionan a Sean Connery respeto; de pronto me dicen Daniel Craig, lo comprendo. Si me dicen que no saben qué es James Bond, pues… El resto de actores me parecen intrascendentes.

Hoy despierto con la noticia de la muerte de Connery. Me dio tristeza. Personalmente creo que representaba la firma de la marca. Eran los sesenta: machista, “occidentalista”, desayunaba café negro y yogur griego, mataba con complacencia, torturaba y hacía explotar. Un guapote de frack, mercenario y despiadado pero por ser británico era de los buenos.

“Que hombre tan peludo” decía mi abuelita con pudor y algo de picardía. Así se refería a este exfisicoculturista de 1:90 que encarnó a Bond a partir del Dr No hasta Los Diamantes son eternos, dentro de la saga canon y la controvertida Nunca digas nunca jamás, que fue realizada aparte. Era un deportista consagrado, había rechazado ser jugador del prestigioso Manchester United para aceptar el papel del agente secreto.

Luego de Bond, se convirtió en un galán maduro y otoñal en papeles de carácter como el sagaz fraile Guillermo de Baskerville en El Nombre de la rosa, el honorable comandante ruso Marko Ramius en la Caza del Octubre rojo y el duro policía irlandés Jim Malone en Los intocables, lo que le valió un premio Oscar.

En lo anecdótico, confesó que le encantó ser el papá de Indy en La Última cruzada y actuó en algunos éxitos comerciales como La Roca o La Encrucijada. Adoré su papel de Ramírez como el Obi-wan de Highlander. Me gustó en La Liga Extraordinaria, como el legendario aventurero Allan Quatermain (la semilla en los comics de indiana Jones). De vuelta a los sesentas lo recuerdo en Marnie, bajo las órdenes de Hitchcook.

Retornando a Bond, estuvo a punto de ser cortado por un láser en Goldfinger, voló en una carro acrobáticamente en Thunderball (Oscar a mejores efectos especiales), en Dr No luchó cuerpo a cuerpo contra tiburones y Ursula Andrews. En Los Diamantes son Eternos vengó la muerte de su esposa vehementemente.

Fueron seis películas oficiales entre el 62 y el 71. Y una horma compleja de llenar para los siguientes intérpretes.

Connery no fue le primer Bond, ya se había hecho en 1954 una versión de Casino Royale protagonizada por Barry Nelson, pero fue Sean que lanzó al personaje a la fama absoluta en pantalla. Su agitada vida personal no es mi incumbencia, lo son su presencia en escena, su marcado acento shhh y el mito de un hombre que sedujo durante 50 años a mujeres que lo deseaban y hombres que lo veían como un modelo.

Alguna vez dijo: “Hay una gran diferencia entre James Bond y yo. ¡Él sabe resolver los problemas!”.

Buen viaje Sr Bond.

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