Por Sono
Hablamos con Mona Fastvold, directora de El testamento de Ann Lee. Una biografía sobre la líder de la comunidad cristiana Sociedad Unida de Creyentes en la Segunda Aparición de Cristo, comúnmente llamados Shakers por sus bailes y movimientos. Ann desafió los prejuicios de género del siglo XVIII y murió a temprana edad.
Fastvold, esposa de Brady Corbet, director de El brutalista, sacó adelante junto a él las dos películas casi simultáneamente. Intercambiaron los roles de dirección y producción y escribieron juntos los guiones.
Su interés en Ann Lee proviene de su historia como líder religiosa, su aporte al feminismo, sus ideas sobre la igualdad de género y raza, y la presencia de la música y el baile en su historia.
Amanda Seyfried fue nominada al Globo de Oro por esta exigente actuación, que combina canto y baile. Está acompañada en el reparto por Lewis Pullman y Thomasin McKenzie.
El testamento de Ann Lee llegó a las salas colombianas el 9 de abril.
¿Qué te atrajo del personaje de Ann Lee?
Creo que es una historia fascinante. Cuando la descubrí, sentí que había encontrado a la primera feminista norteamericana. No tenía estudios ni dinero. Llegó a Estados Unidos con ocho seguidores y creó una de las sociedades utópicas más importantes de nuestra historia. Era perfectamente equitativa en términos de género y raza. Estaba basada en la empatía y el amor, en contraposición al pensamiento de mediados del siglo XVIII.
Eso fue lo primero que me animó. Luego descubrí la música y el baile. Me emocioné al considerar que era una historia visualmente muy cinematográfica. Es un musical que se aleja narrativamente de la forma tradicional de abordar este género.
Exploras el lado musical de Amanda Seyfried y Lewis Pullman. ¿Cómo te las arreglaste para construir estos personajes y desarrollar sus talentos?
Amanda empezó a ensayar un año antes del inicio del rodaje. Trabajó con coreógrafos y también con cantantes para encontrar una nueva forma de cantar. Es una gran cantante. Para ella, el reto era encontrar un nuevo tipo de voz que fuera fiel a Ann Lee.
Lewis nunca ha bailado, pero es baterista en una banda. Es muy musical. Sus retos eran superar el miedo a cantar y ganar confianza para expresarse a través del movimiento. El set no era el mejor lugar para ensayar, así que íbamos al hotel o al Airbnb con los instructores. De esa manera, su talento floreció de forma maravillosa.
El elenco era una combinación de personas con mucha experiencia cantando y bailando y otras que no tenían tanta. Para mí era importante que fueran un grupo de seres humanos y no que lo hicieran todo perfectamente.
¿Cómo investigaste y creaste las canciones, los bailes y los rituales?
Eran talleres. Estaban más relacionados con la manera en que cada intérprete se movía de forma orgánica. Cada gesto representa algo valioso. Se desarrollaron narrativas corporales propias que todos los artistas en escena podían comprender.
Le dijimos a cada actor que escogiera cinco movimientos que realmente representaran algo para ellos durante estas largas sesiones de improvisación. Así se creó un lenguaje con un significado profundo; por ejemplo, tomar el dolor de otro y transformarlo.
Al tener una narrativa poderosa ligada a estos movimientos, todo se desarrolla de manera natural. No son cantantes o bailarines profesionales, sino artistas que interpretan desde la narrativa.
Ann Lee y El brutalista comparten varios aspectos. Son historias de migración, persecución y personajes singulares. ¿Qué aprendiste haciendo El brutalista que te sirvió para esta película?
Uno siempre trata de hacer cosas imposibles con un presupuesto limitado. El brutalista puso el listón muy alto con una inversión de 10 millones de dólares. Esta película también fue retadora y difícil porque estábamos filmando mientras estrenábamos El brutalista en el Festival de Venecia.
Ya teníamos la confianza de haber sacado adelante algo muy difícil como El brutalista. Logramos hacer esta película y respetar el guion. Además, tuvimos grandes compañeros en la producción. Construimos la casa y luego la quemamos, había caballos, cientos de extras, desnudez y conseguimos hacerlo todo en una noche. Ahí es muy valioso tener un equipo que confía en tu plan y hace que todo funcione. De lo contrario, sería peligroso e imposible.
Hay una reflexión interesante sobre la libertad de culto. ¿Cuál es tu punto de vista sobre el vacío espiritual que está experimentando nuestra sociedad?
Creo que actualmente estamos buscando espiritualidad y comunidad. Creemos que la tecnología nos da la respuesta para todo, pero todavía hay mucho misterio en las cosas que desconocemos. Asimismo, hay mucha soledad por culpa de estas pequeñas cajas (señala su celular). Nos hemos acostumbrado a ser felices con pequeñas interacciones. La gente sufre por la ausencia de comunidad y es algo que debemos revisar. Debemos recordar cómo no estar solos y aprender a crear una red a nuestro alrededor.
